Recetas para torpes
Recetas fáciles para cocineros torpes

Me encanta soñar con mi cocina ideal, su distribución, su diseño. Me chifla reunirme con personas alrededor de una mesa junto a los fogones, compartiendo la comida, una charla. Me gusta cuando visitas a alguien esa intimidad que da el sentarte en su cocina a conversar mientras te invita a un café. Creo que las cocinas tienen vida y me apasiona vivirlas, pero… odio cocinar. Bueno, odiarlo no, pero entre la pereza, apatía, desgana y una mala maña que me doy con las cazuelas podríamos dejarlo en que las recetas y yo no nos caemos bien. Hasta ahora me daba un poco igual, para subsistir me bastaba y como soy de las que comen piedras cualquier cosa me valía para pasar el día. Ya me deleitaría con las artes culinarias de otros. Pero ahora, con dos churumbeles a quienes alimentar, más el costillo, que ha cambiado su horario laboral y ahora tiene por costumbre comer todos los días en casa, como verás, tengo que ponerme las pilas si no quiero que asuntos sociales me acuse de provocar inanición familiar. Por eso, estoy poniéndome al día con recetas fáciles. Pero no fáciles de esas que en su clasificación pone: Dificultad: Fácil y viene adornado con una estrellita en su valoración del uno al cinco. De esas no que ya sabemos que hay muchas traicioneras, que deben ser fáciles pero para los aprendices de El Bulli. NO. Yo digo fáciles de las que cuando se pone a hacerlas alguien como yo, que sus platos estrella son Flan de Lentejas, o en su defecto Aguachirri con Lentejas Duras, Coliflor a la Esto no hay quien lo coma, o Sopa de Cocido Deslavado, le salgan bien a la primera. Así que de vez en cuando, te deleitaré el paladar virtual con recetas y trucos tan, tan, tan fáciles que hasta vuestros retoños podrán hacer.

La primera entrega de esta sección va a ser Cómo hacer un arroz blanco PERFECTO. Ya sé que el arroz blanco es algo muy básico, que casi todo el mundo sabe hacer con más o menos mano para dejarle en ese punto ideal, pero también es cierto que es muy fácil que se nos quede duro, pegado, pasado… ¡Esto se acabó! Coge lápiz y papel y apunta la manera de no volver a fallar con el arroz. Esto es lo que necesitaremos:

arroz blanco perfecto

El primer paso es coger una cazuela y echar todos los ingredientes a la vez, sí, todos, bueno, menos el reloj, no vaya a ser que nos liemos. Reconozco que hasta que descubrí esta receta yo primero rehogaba el arroz en un poco de aceite donde había sofrito unos ajos pero eso se acabó. Se echa el arroz, el agua, la cucharada de aceite y la sal todo a la vez.

Ahora, pon el fuego al máximo. A todo lo que de tu cocina. En mi vitro por ejemplo los hornillos van regulados del 1 al 12, así que en este paso yo pongo el fuego al 12, sin miramientos. Verás que muy rápido empieza a hervir, y con la misma velocidad el agua empieza a consumirse. Déjalo así hasta que apenas quede agua, sólo lo justo para que aún burbujee un poco. Justo en ese momento, cuando cualquiera echaría mano de la cuchara para remover, añadiría agua o directamente cogería el teléfono para pedir una pizza pensando que la comida se le va a quemar, justo ahí, tapa la cazuela y baja el fuego al mínimo (en mi caso al 1). Es el momento de coger el reloj y dejar que transcurran 15 minutos exactos. Pasado este tiempo, aparta la cazuela del fuego, por lo del calor residual sobre todo si es vitrocerámica, y voilà, listo para servir.

Es cierto que dependiendo de cada cocina el tiempo puede variar en uno o dos minutos, no más, pero con un par de veces que lo hagas le coges el truco rápido.

Para mí, lo más difícil de esta receta es vencer la tentación de meter la cuchara a remover cuando parece que ya no queda agua o resistir las ganas de levantar la tapa en esos quince minutos a ver si realmente se ha quemado o no. Creeme si te digo que esta fuerza de voluntad es necesaria, ya que si removemos o levantamos la tapa en esos 15 minutos cronometrados podemos arruinar el arroz.

Ahora, ya sabes cómo conseguir un arroz suelto, en su punto, ideal para guarnición, para comer con huevo y tomate (3.) o para que esos guisos de enfermedad, léase diarreas y otros viruses sean más llevaderos.

Cuéntame, ¿tú hacías así el arroz? ¿Has probado esta truquireceta?