Esa es la pregunta que me hacen más a menudo en las dos últimas semanas. Tras el paso por el todo incluido en el que me alojé unos días, he contestado varias veces a la pregunta de ¿Cómo estás? y casi siempre la respuesta ha sido la misma: cansada.

Hoy comienzo la semana 37 de embarazo, es decir que más o menos me queda menos de un mes, 21 días, o 504 horas aproximadamente para que salgamos tres por la puerta de casa y volvamos cuatro. Y aunque por una parte este embarazo se me ha hecho larguísimo, al calcular esta cuenta atrás se me hace que queda demasiado poco tiempo, me da la sensación que todo ha pasado demasiado rápido. Un montón de cosas y de ideas se quedan en el tintero, de planes a realizar durante estos nueve meses, bueno, siete, ya que si me descuido y tardo más en enterarme no llego a la primera ecografía.

¿Cómo te encuentras? me preguntaba el otro día mi amiga I. Fácilmente, podía haberla respondido. Soy fácil de encontrarme ahora mismo porque allí donde estoy me desbordo, no hay zona cercana a la que mi cuerpo no invada y es que decir que me siento inmensa es poco. Sí si, ya sé que cuando una está embarazada  se suele sentir plena, llena de vida, grandiosa, pero mi grandiosidad estos días se reduce a lo carnal, viéndome y sintiéndome como un híbrido torpe y agotado. ¿Recuerdas los gallifantes? aquellos muñecos que eran mitad gallos y mitad elefantes, pues yo siguiendo esa idea me siento como una Cebrapótama, o lo que es lo mismo, una hipopótama con la barriga a la moda, toda ella es un animal print de cebra. No sé en que momento han aparecido, hace unos días sólo tenía tres pequeñas líneas señalando el ombligo como pequeñas flechas que indicaran que ahí comenzaba el surtidor, pero de repente, y sin previo aviso, tengo la tripa llena de glamour luciendo un estampado de lo más chic. Por lo menos han salido del ombligo hacia abajo, suerte que tengo ya que dicen que las rayas verticales estilizan.

Como estas

Más o menos esto es una cebrapótama

Así que si alguien me pregunta de nuevo ¿cómo estás? puedo cambiar de respuesta: como una cebrapótama. Un entrañable animalejo que tiene la misma medida en el muslo que en el tobillo. Que olvidó lo que era una cintura y que a pesar del mal humor y su hambre feroz todo el mundo ve como una achuchable y rechoncha crituaturaza. Menos mal que quedan 504 horas, bueno, 502 más o menos, porque desde que he escrito esa frase hasta ahora han pasado una lavadora, unas lentejas bien comidas (el Miniser no pierde el hambre por muy mal que cocine su madre) siete hay que dormir un poooooco, ven a echar la sieeeeesta, unos cuantos No mami, ahoda toches (que viene a ser lo llevas clarito, paso de dormir que ahora me apetece más jugar con los coches aunque estés que no puedas con el alma), una cocina a medio recoger y tres llamadas de teléfono. Así que si llevas un rato pensando que este post no tiene mucho sentido en su estructura tienes razón, pero me da mucha pereza volver a empezar a escribirle para hacerlo de un tirón. Y es que ya sabes que las cebrapótamas tienen fama de perezosas.

Y tú ¿cómo estás?