No soy muy amiga de comprar por internet. Es verdad que cada vez me animo más a hacerlo, pero no es que tenga la tarjeta quemada de pagar con ella en la red. Quitando la compra de comida que eso sí que lo veo un inventado por el tiempo que ahorras en ir al súper, cargar con ello, traerlo a casa… Pero es cierto que las cosas bonitas, ropa, juguetes, cositas de decoración, me tienen que entrar bastante por el ojo para que me decida a comprarlas online, eso, o que rebusque en mi ciudad y no lo encuentre en ninguna tienda física, entonces claro, no me quiero quedar con el antojo y caigo en la tentación de comprar virtualmente.

Eso me pasó cuando inauguraron la tienda online de la cadena de H&M. Cada vez que me encuentro con una tienda de esta marca algo compro, sobre todo para el Miniser. Me gusta el estilo de sus prendas, la relación calidad-precio que ofrecen, pero en mi ciudad (ni en mi provincia) no hay tienda física. Así que cuando anunciaron que abrían la tienda virtual, me revisé el catálogo de arriba a abajo y me lancé a comprar. Pero la experiencia, no fue lo que esperaba.

El formulario de pedido es bastante fácil. Esta parte la han gestionado bien. En él te indican el tiempo aproximado de entrega. En mi caso, para empezar, ya fue más de lo esperado. Te dicen de 2 a 4 días laborables, pero por lo menos en esta ocasión, tardaron 6. No pasa nada por dos días más, ya lo sé, que desnudos no íbamos a ir, pero me molestó bastante la política de la empresa de reparto (o la propia del repartidor que me tocó en suerte). Me llamó por teléfono sobre las 13:30, y me djjo que estaba en el portal, que le abriera, así, sin más. Al explicarle que en ese momento no estaba en casa, me soltó un “pues apunta la dirección donde tienes que ir a recoger el paquete que yo no vuelvo más”. ¿Cómo que no vuelves más? Para empezar no vivo en Mordor donde te cuesta la vida llegar, y aunque así fuera, he pagado por un servicio A DOMICILIO, el cual debería haber llegado hace dos días, y no me apetece pagar a lo tonto para terminar acudiendo a una empresa que está en la otra punta, agobiarme por tener que dejar el coche tirado en doble fila (es un caos aparcar en esa calle), pasarme allí media tarde esperando a que me atiendan, etc… Total, que le dije que tenía que volver el lunes siguiente (ese día era viernes) y a regañadientes, me dijo que no me moviera de casa entre las 13:00 y las 14:00 que en esa hora acudiría fijo fijísimo a entregármelo.

Llegó el dichoso lunes, a la hora convenida y allí no apareció nadie. Pasadas ya las 14:30, llamé al teléfono que tenía aún grabado en el móvil y le comenté al repartidor la situación. Me dijo que se le había olvidado, que ya iría sobre las cuatro y pico. Bueeeeno, vaaaaale, un mal día le puede tener cualquiera. Le dí otra oportunidad, más que nada por no hacerme mala sangre ya que era verdad que aquella mañana no tenía pensamiento de salir de casa, aunque la cosa hubiera cambiado si me hubiera tenido que quedar expresamente a esperarle. Pero ya está, después de comer, llegó el paquete… y no fué como lo esperaba. Me decepcionó mucho el embalaje. Aunque no han sido muchas, ya digo que compras por internet he realizado, y normalmente el packaging o embalaje o forma de envío suelen cuidarlo bastante todo tipo de empresas. Yo me esperaba algo ordenadito y colocado de manera mona como suele hacer Amancio, que da gusto pedir cualquier cosa a Zara o tiendas de sus dominios. Pero no, H&M te lo envía en una bolsa curte de plástico sellada, como si un fardo de noséqué se tratara. Venga, un poco de decepción pero ya está, lo importante es el interior. Pero el interior también estaba desangelado. Cada prenda envuelta (y arrugada) en bolsas precintadas individuales, sin nada de atención, ni de mimo. Corté cada bolsa, nos probamos las prendas el Miniser y yo (había comprado para los dos, que Manfriend no terminó de decidir si quería algo) y hubo un par de cosas que por error de talla y por no ser en absoluto lo que me esperaba en cuanto a calidad de material lo preparé para devolver. Rellené el formulario que viene impreso dentro de la bolsa, en unas pegatinas que has de incluir en el paquete que devuelvas explicando la causa. Investigué donde había un punto de entrega en mi ciudad y allá que fuí al día siguiente.

En las instrucciones de entrega, indican en su punto 2 que debes colocar el artículo (o artículos) que quieras devolver en la bolsa/caja donde recibiste el pedido. ¿En qué bolsa lo debía incluir yo? ¿En ese trozo de plástico que tuve que rasgar y romper para abrir el paquete? Pues bueno, por si caso, aunque no me parecía muy seguro, metí ahí los productos. Como el punto de entrega era una papelería, decidí que una vez allí, incluiría esta bolsa curte y mal cerrada en una caja de cartón de embalar, para no arriesgarme a que me desprecintaran el apaño que había hecho en la bolsa y que algún artículo no llegase a destino. Fuí a la papelería en cuestión. Al explicar porqué estaba allí, ya el dependiente torció el morro. Le pedí una caja para enviar el paquete y me dijo que no tenía, y que el envío se debía hacer únicamente con el embalaje original. ¿Pero cómo voy a mandarlo así? Pues ese no es nuestro problema, me soltó. Aquí lo tienes que traer debidamente precintado tal y como lo recibiste.

Eso ya era el colmo. Estaba un poco harta a esas alturas de H&M y de las empresas con las que había acordado su sistema de envío y devoluciones. Saqué mi diplomacia más borde correcta y le expliqué punto por punto lo que pensábamos yo y mis ovarios, que ya estaban algo hartos. Tras ese monólogo, el dependiente se suavizó. Me comentó que estaban teniendo muchos problemas con esta cadena y con sus devoluciones, ya que exigen que se devuelvan los artículos en los embalajes originales y claro, viendo en que bolsas de chichinabo lo envían en la mayoría de los casos es difícil volver a empaquetar los artículos rechazados, por lo que la entrega de devolución tampoco es admitida. Como ya nos habíamos dicho lo que pensábamos y nos habíamos contado las penas, el humor de los dos cambió. Precintamos la bolsa original de la forma más segura que pudimos y allí lo dejé, con la esperanza de que llegase a su destino sana y salva.

Tras unos días de espera, justamente doce, recibí en mi cuenta un abono de devolución por parte de la marca, correspondiente al importe de las prendas devueltas menos el euro con noventa y cinco que debes pagar por gastos de devolución.

Resumiendo, que me gusta comprar en H&M pero físicamente. Su sistema de compra online con sus métodos de entrega y devoluciones, o como he dicho antes, tal vez las empresas contratadas para realizar estos portes, dejan mucho que desear. Y de la presentación del producto al recibirlo… mejor no hablar de ello, porque si normalmente las comparaciones son odiosas, en este caso, H&M tiene las de perder con cualquier tienda virtual, grande o pequeña. Conclusión: no creo que repita la experiencia con esta tienda.

Y tú ¿eres de comprar online? ¿has tenido alguna experiencia parecida con esta u otra tienda?