Tengo una tarea pendiente: limpiar a mi tía su ordenador, que tiene más virus que un laboratorio de espionaje biológico. Esto es fácil de decir, y no tan difícil de hacer, pero lo más complicado es convencerla de que tiene que hacer algo para que no vuelva a ocurrir.

Me dí cuenta el otro día, de visita en su casa una tarde. Fuí a usar el ordenador y nada más encenderle me empezaron a saltar spam, anuncios y pantallas varias con todo tipo de contenido. Hubo un instante en que pensé que mi tía se había aficionado a compras raras y porno semiduro, hasta que me fijé en que el antivirus gratuito que tenía hacía tiempo que había caducado. Poco importaba porque no sé si alguna vez hizo efecto contra los ataques virulentos. Al preguntarla cómo podía ser que tuviera el disco duro tan lleno de basura cuando el PC es relativamente nuevo, la respuesta fue contundente: su nieto. Un niño de casi diez años que cada vez que va a su casa trastea por internet y descarga juegos sin miramientos.

Como las casualidades existen, unos minutos después, mientras comentábamos si se le debía dejar al niño (su nieto) seguir usando el ordenador a sus anchas o no cuando estuviera en allí, recibí un mail de Youtube en el que me hacían sugerencias en ruso. ¿Cómo? ¿y este mensaje? Claro, ese mensaje en letras que se me antojaban un jeroglífico era porque el Miniser suele ver vídeos en la tablet, y va enlazando unos vídeos de coches, con otros de huevos sorpresa (que no sé que les ve a estos en concreto), con otros en los  que van desmontando camiones y no sé cómo, siempre acaban apareciendo en la pantalla unas imágenes de juguetes manejados por manos adultas y la voz en off de una chica que si no es de Moscú, es de los alrededores seguro.

Entonces ahí se iniciaron las dudas, las contradicciones, el debate y la búsqueda de soluciones. Porque por un lado nos asombra que un niño con dos años sepa usar una tablet de esa manera, y presumimos de cómo los retoños manejan las tecnologías, pero por otro no queremos que dependan de ellas ni las usen demasiado. Pero, ¿si no las usan cómo van a aprender a manejarlas? Porque claro, en su día a día van a necesitarlas, porque todos los niños las usan… Y cuando crecen y llegan a siete, diez, trece años, ¿debemos darles autonomía y confianza o hemos de ser padres mochila, todo el día a su espalda revisando y censurando los contenidos que ven en la red? Esta parte la veo más complicada, la de cuando crecen y dudas entre confiar en ellos o cotillear el historial con el miedo en el cuerpo por lo que puedas encontrar. También está la opción de acotar sus opciones, es decir, de ejercer el poder aprovechándonos también de la tecnología instalando algún tipo de control parental que no les permita ir más allá de donde nosotros queramos, siendo precavidos pero pareciendo despreocupados.

Ayyy, es tan complicado esto del equilibrio en la educación de los pequeños… Demasiado para que encima se nos complique más. Yo por mi parte, de momento, voy a cerrar la sesión de la cuenta de Youtube, a limitar el uso de la tablet al enano y a buscar un buen antivirus para que el ordenador de mi tía vuelva a lucir limpio y lozano como recién comprado. Las demás decisiones, las iremos viendo por el camino.

Y tú, ¿limitarás la ciberlibertad de tus retoños o te gusta más el aire hippie de paz, amor e internet libre para todos?