NO debes decir muy bien a tu hijo. Ahora por lo visto es perjudicial decirles a los niños que hacen bien las cosas bien. El “muy bien” a sus esfuerzos debemos eliminarlo de nuestra boca. No premiar, no castigar. Simplemente dejarles ser autónomos y no elogiar sus logros. ¿Estás de acuerdo con esto?. Yo no.

Seguramente me estés imaginando tras estas palabras como una madrastrona de ordeno y mando, o tal vez estés asintiendo pensando que estás de acuerdo con no hacer caso a tanta tontería moderna de educar sin mano dura. Pues ni tanto ni tan calvo. Déjame que te cuente mi versión.

Estoy de acuerdo con las pedagogías que anima a fomentar la autonomía en los niños, tanto la autonomía física como mental. Opino que los gritos y castigos (incluidos los físicos) no llevan a ninguna parte más que a enrarecer las relaciones, pero sobre todo, porque castigamos mal, gritamos demasiado y hacemos de estas herramientas una rutina que no manejamos de una manera sana. ¿Qué cómo se puede castigar bien? Eso lo veremos otro día, pero te adelanto que lo que ahora se conoce como “mostrar las consecuencias”, son castigos. Que sí, que queramos o no son castigos, sanos, respetuosos, educativos pero castigos. Como te digo de esto hablaremos otro día que no es el tema de hoy. El tema es que gracias a Alfie Kohn y su artículo en el que da cinco razones para no decir muy bien, parece que halagar a los niños y reconocerles sus méritos es algo diabólico digno de denunciar a servicios sociales, y tampoco es eso señores.

Es cierto que los premios sin mesura crean monstruitos consentidos, y que los elogios son un tipo de premio, de refuerzo positivo verbal. Pero por más que he abierto mi mente, no consigo entender que sea lo peor de lo peor por decirles “muy bien” a mis hijos cuando consiguen algo que les ha costado un gran esfuerzo. ¿Qué hago, me quedo muda, les ignoro?. Vamos a ver que opciones nos da el señor Kohn.

Comenta que cuando un niño nos demuestra una hazaña como pintar un coche, no debemos decirle “muy bien”, sino que tenemos tres alternativas:

  • quedarnos callados
  • describir lo que vemos, diciendo por ejemplo veo que has pintado un coche
  • hacerle preguntas sobre el tema, como por ejemplo ¿de qué color le has pintado?, ¿te ha gustado pintarlo?.

La primera opción la descarto totalmente. ¿Quedarme callada? Gracias, pero no. Ponte en el lugar del niño, o mejor, quédate en el tuyo. Imagínate que te has currado un trabajo impresionante de muchas horas a tus espaldas, o que has intentando sorprender a alguien con su plato favorito aunque eres un desastre en la cocina. Ahora preguntante cómo te sentirías si al entregar el trabajo a tu jefe o la comida a su destinatario estos se quedan callados, no te dicen nada, ni mú. Con la misma recogen el trabajo y se van o se zampan el menú mientras no hacen una sola mención a tu esfuerzo, a cómo te ha salido… Nada. ¿Nada? Seguramente te sientas mal, enfadado/a, molesto/a, inseguro, ninguneado. Todos estos sentimientos son negativos, y todo es porque no has recibido un feedback a tu comportamiento, a tu esfuerzo, a tu ilusión. NO te digo que tengan que alabarte y ponerte en un altar, ni que tengan que elogiar tu trabajo o tu comida diciéndote lo perfecto y genial que está hecho, mucho menos si no es cierto. Pero sí deben darte una señal, retroalimentarte haciéndote comprender que se han dado cuenta de tu esfuerzo, guiándote sobre el resultado que has obtenido, motivándote a seguir. Lo mismo pasa con los niños.

Creo que lo que hemos confundido es el no decir “muy bien” con el usarlo correctamente. Es verdad que muchas veces es cansino la cantidad de veces que oímos como alguien le dice muy bien a un niño. No hay que decírselo constantemente. No hay que decírselo si no es verdad que esta bien lo que ha hecho/dicho. No hay que repetírselo con cada pestañeo que dá. Pero sí debemos aplaudirle con un “muy bien” cuando realmente lo merezca. Cada vez que se mete una cucharada de yogur a la boca no hace falta decirle muy bien, cada vez que baja por el tobogán tampoco, con cada dibujo que nos enseña (les hay capaces de hacer mil garabatos por minuto) no hace falta repertirlo. Si el niño esta realizando una actividad a su aire, sin interactuar contigo, déjale tranquilo, no estés detrás repitiendo así, muy bien cariño, eso es, otra vez, muy bien. Está feliz con él mismo, jugando o realizando alguna actividad para sí mismo, no necesita que apruebes o no lo que hace o cómo lo hace. Peeeeero, si viene a tí, busca tu intereacción con un mira mamá, mira lo que he hecho/lo que hago, respóndele, sí o sí, no le ignores. Ahí es donde estoy de acuerdo con Don Alfil en los puntos dos y tres, resumiéndoles en algo muy básico: hablar con el niño. Pero hablar de verdad.

Cuando te muestran algo que han hecho, tal vez busquen orientación. Acuérdate de la primera vez que te has enfrentado a hacer algo nuevo y no sabías si el resultado era el esperado. Has necesitado que te dijeran si ibas por buen o mal camino. Ellos también lo necesitan, muchas veces. Pregúntales por lo que han hecho, por qué lo han hecho, si les ha gustado hacerlo, si les gusta más o menos que.., si les ha costado, si les ha gustado. En fin, interésate sinceramente. Y es cierto, no es necesario decirles muy bien, ni tampoco muy mal si se han salido del dibujo al colorear, o han tirado harina al suelo al intentar ayudarte a cocinar. Simplemente charla con ellos sin juzgar el resultado.

Pero hay veces, en las que se han esforzado de verdad. Hay veces que consiguen un logro que nunca antes habían realizado. Van al baño solos por primera vez tras una crisis de pañal, han sacado un cinco raspado en una materia que sabes que le cuesta pero a la que ha metido horas de estudio… Múltiples de situaciones que se merecen un muy bien en toda regla. Y es más, no es que merezcan sólo un muy bien, sino también se habrán ganado un ¡lo conseguiste! dicho con entusiasmo, un qué orgulloso estoy de tí y cualquier expresión que demuestre nuestra alegría por su hazaña.

Leí un ejemplo en el que decía que cuando consiguieran un logro como hacer pis en el orinal, por ejemplo, no se les dijera “muy bien” porque era premiarles y luego sólo buscarían el muy bien volviéndose dependientes de nuestra opinión, que en su lugar, describiéramos la conducta con un “anda, veo que has hecho pis en el orinal”. ¿Mande?. Si decimos esta última frase con entusiasmo y sin embargo, decimos el “muy bien” a secas y de forma seca, ¿cual crees que consideraran un premio?.

Y es que esta claro, lo que hace que el muy bien sea un refuerzo o no, no es la frase, sino nuestra actitud al decirla. ¿Cuantas veces te has encontrado con esta situación? Madre en el parque enredando con el móvil. Niño gritando –mamá mira como me columpio   -muy bien hijo (mirada en la pantalla constantemente);    –mamá mira como chuto el balón,   -uy que bien (ojos pegados al movil);   –mamá mira como quemo el árbol y pego patadas a la anciana   -que bien, muy bien cariño (a ver que no me he enterado de ese tuit). En esta situación, está claro que lo que le hace daño al niño no es el muy bien que recibe de su madre.

Podemos y debemos usar el muy bien con normalidad, keep calm, que no vamos a la hoguera por decírselo a los retoños (ni a nadie, que a los mayores tampoco nos amarga un dulce). Y por supuesto, no nos quedemos en esa única frase, sino que usemos cualquier expresión que les anime a seguir, a esforzarse, a luchar, que las acompañemos por preguntas, exclamaciones, descripciones, obras de teatro o lo que nos parezca acorde al momento y la situación. Hay que reforzarles, motivarles, como a cualquier hijo de vecino. Aunque sean pequeñitos, su ego y autoestima también necesita ser alimentado. Porque en definitiva, cualquier cosa que digamos como respuesta a su conducta, si la decimos con cariño e interés será un refuerzo positivo. Visto así, ¿vas a dejar de hablarles con cariño por tratarse de un refuerzo?. Yo no.

Resumiendo, que me esta quedando un post más largo que un día sin pan. ¿Cuándo y cómo usar la actualmente temida frase “muy bien” con los niños? Siempre que la usarías con un adulto. Me explico: reacciona o responde con el niño como lo harías si fuese un adulto. Si se te cae la cartera y te la recoge no le digas muy bien, dale las gracias. Si te muestra por décima vez una torre de piezas no le digas muy bien, juega con él. Si tras varios días intentando atrasemos zapatos solo lo ha conseguido grita con él ¡genial, lo conseguiste!. Si hace algo que merezca un muy bien como lo merecería en tu pareja, en un amigo, dile muy bien, las veces que haga falta.

A todos nos gustan que nos reconozcan que hemos hecho algo bien, pero no que nos lo digan como a los tontos. ¿Por qué los niños iban a ser diferentes?