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PSICOPEDAGOGIA… Y OTRAS COSAS DEL QUERER

Llevo muchos años dándome contra un muro. Por suerte, el muro va cayendo poco a poco, piedra a piedra, pero creo que aún queda trabajo por hacer para derrumbarlo del todo. Todavía nos cuesta dejar de relacionar la psicología con esa imagen peliculera de tumbarse en un diván y narrar tus experiencias infantiles, creyendo que el profesional que está a tu lado sólo escucha y no ayuda en nada. Aún falta por barrer la creencia de que sólo han de ir al psicólogo los que  están locos o tienen depresión. Y si en los adultos somos reacios a acudir a este tipo de profesionales no te quiero ya contar lo que nos cuesta asumir que un niño los pueda necesitar. ¡Qué equivocados estamos!.

No dejes para mañana…

La semana pasada he aprendido el verdadero significado del refrán que seguro has oído en mil ocasiones “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Ya sé que no hace falta ser un lumbrera para entender lo que quiere decir, pero hasta ahora, no me había parado a darle la importancia que merece.

Todo empezó la madrugada del domingo al lunes. Me desperté en mitad de la noche, algo habitual en estas últimas semanas ya que cuando no es la barriga que me pesa, es porque tengo sed o porque no encuentro postura. Mientras intentaba coger el sueño de nuevo, pensaba en los regalos que aún me faltaban por comprar para Reyes y que por pereza o falta de tiempo había dejado para última hora (ya era la madrugada del 5 de enero). Pensé también que mejor esperar a tener todo comprado para envolverlos junto a los pocos que sí tenía ya guardados pero sin empaquetar. Y entre esos pensamientos, caí en la cuenta que no podía dormirme y que la Birkiki llevaba varias horas sin dar señales de actividad. Me concentré en ella, en mi tripa, esperando notar el más mínimo movimiento que me indicara que todo estaba bien, pero este no ocurría. Me levanté y comí galletas con Colacao, a ver si el azúcar la hacía espabilar como tantas veces, pero nada, tumbada después sobre mi lado izquierdo tampoco lograba notar nada. Así que sin esperar más y haciendo caso a mi instinto me preparé para marcharnos al hospital. 

Una vez allí, y tras la eco pertinente, nos dijeron que todo estaba bien, pero tal vez andaba algo justa de líquido amniótico. Así que para un mayor control y poder valorar cuál sería la mejor opción para nosotras nos indicaron que me quedaba ingresada. ¡Se me cayó el mundo encima! Algo iba mal, pensaba yo. Además, entre un montón de pensamientos y sensaciones negativas me dí cuenta que me perdería los primeros Reyes del Miniser en los que sería consciente de en que consisten. Y para rematar, nos comentaron que según vieran la evolución de mi estado, tal vez hubiera que adelantar el parto mediante cesárea. ¿Cómo podía ser? No terminaba de encajar lo que me estaban diciendo.

Una vez en planta, tras varias pruebas más, nos aseguraron que no había que alarmarse. Que en caso de tener que adelantar el parto ella no correría peligro ya que tiene un peso estimado que ni si quiera necesitaría incubadora por protocolo. Que el resto de signos no indicaban motivos de preocupación, ya que su actividad era normal y que el líquido amniótico de la bolsa, aunque algo escaso, aun entraba dentro de los parámetros normales. Así que allí me quedé. Tumbada en una cama de hospital durante casi cuatro días. Haciendo reposo y pensando, todas las cosas que tenía planeadas para este último mes de embarazo y que tal vez no iba a poder llevar a cabo. Mi marinovio tuvo que preparar una mochila con cuatro cosas que se nos ocurrieron en el momento porque yo había dejado para rebajas lo de comprarme la bolsa maternal a la que había echado el ojo. Hasta que no la comprara, no pensaba preparar las cositas del hospital. En caso de que hubiera que adelantar el parto, ni un bodi tendría para ponerla a ella. Sólo un pijama que me habían regalado cuando supimos que sería niña. Sus compras, los preparativos, lavar la ropita que podría reutilizar de su hermano, preparar el carrito, todo, todo lo que se me ocurría, lo había dejado para hacer después, para cuando pasaran las fiestas. Claro que todos estos pensamientos los tuve una vez que sabíamos que no había peligro, que lo primero es lo primero y que me hubiera dado igual tener que volver a casa con ella andando y envuelta en una manta con tal de que todo hubiera salido bien. Eso que quede por delante.

Ahora ya estoy en casa. Tranquila y con reposo relativo hasta el final del embarazo. Disfrutando del Miniser, al que tanto eché de menos, aunque esto te lo contaré en un post aparte que aún estoy sensible. Intentando organizarme en lo que puedo para que no me vuelva a pillar el toro. Y de momento vamos bien. Hemos priorizado las tareas para que no se nos quede nada importante colgando en caso de tener que salir corriendo de nuevo.

Y para que no se me pase, intentaré dejar los post programados pero te aviso, que esta semana la temática va a ser algo sensiblona y sentimentaloide, pero sorry, tengo que desahogarme, no vaya a ser que no me de tiempo. Porque ya sabes el refrán,

No dejes para mañana… lo que puedas hacer/decir/disfrutar/vivir/compartir…. HOY!

 

Masaje perineal

Ya te he contado alguna vez, que el parto del Miniser fue un poco duro, y sobre todo, el postparto. Sobre todo porque un desgarro importante que me dejó más puntos que el carnét de conducir es algo incómodo lo mires como lo mires. Por eso para este que me espera en breve, quiero hacer todo lo que esté en mi mano para, si es posible, salir ilesa o al menos, no tan cosida. Por eso, cuando leí este post de No soy una drama mamá, en el que nos hablaba del masaje perineal, la pregunté para indagar más en el tema y me aconsejó hablar con mi matrona, cosa que hice en la siguiente consulta.

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Sacar el DNI a un menor

Hasta los catorce años no es obligatorio estar en posesión del DNI, pero por 10,50€ que cuesta, no está de más sacársele a nuestros retoños por un por si acaso. Nosotros ni nos lo habíamos planteado hasta que el pasado Septiembre viajamos al sur, y al tener que acudir a una farmacia en la que no les funcionaba el registro de tarjetas sanitarias de otras comunidades, nos le pidieron al querer comprar un medicamento para el Miniser. La verdad que estaría bien hacérsele, pensamos, nunca se sabe para qué le puedes necesitar. Así que al volver a casa me puse manos a la obra y por si te interesa estos son los pasos y requisitos que has de seguir:

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