Síndrome de Estocolmo y otras neurosis de la preñez

Llevo unos días que me noto afectada por este síndrome tan propio de película de Hollywood. Mi cuerpo está secuestrado por un pequeño ser. Esta pequeña tirana lo ha modificado, me impide descansar, me dicta lo que puedo o no comer, rige mis horarios y mis rutinas. Tengo unas ganas tremendas de ser liberada y recuperar la potestad de mi organismo y sin embargo, quiero que se quede conmigo y me siga haciendo sentir bien. Quiero seguir secuestrada.

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Feliz Año Nuevo

No creas que me he desaparecido porque me tocó el Gordo de la lotería. Ni que he estado de viajes familiares para pasar las fiestas. Este parón navideño simplemente ha sido por un cúmulo de circunstancias, entre las que se encuentran una ciática que piensa quedarse un tiempo más, un dolor pélvico casi permanente, que el Miniser se niega a echar siestas aniquilando con su decisión mi ratito bloguero y compromisos varios que por las fechas, son ineludibles.

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Feliz Cumpleaños Mamá

La entrada de hoy es especial, como la persona para quien va dedicada: Mi madre.

A veces, cuando la gente habla de sus madres, me fijo que siempre cuentan lo que aprecian sus dotes culinarias, que como su madre no cose nadie, no hay quien les cuide como su mamá… Mi madre cocina bien pero no es Arzak. Cose lo justo, botones y poco más. Nos cuida de la mejor manera que hay, dejándonos equivocarnos y aprender de nuestros errores. Cuando la gente alaba esas dotes de sus madres, yo pienso en lo afortunada que soy por tener a la mía.

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Carta a los sanitarios que atenderán mi parto

Miedo me da pensar en el momento del parto. Al primero fui con incertidumbre, me pilló despistada y sin saber lo que me esperaba. Pero ahora… la cosa cambia. Como decía la Peineta en este post, ¡vaya suerte la de la novata! que no sabe dónde se ha metido. Pero yo, desde que el gine me dijo que seguramente este parto también se adelantaría ando temiendo que me pille in fraganti de nuevo y sin tiempo para aprender a desconectar la mente.

Y es que claro, en el primero no tienes referencias de cómo será tu parto. Has oído que duele, pero no debe ser mucho, porque mira todas las que repiten. Lo normal es que según se acerque el momento te encuentres con gente que te cuente historias más dignas de pelis gore y de terror que de partos idílicos, aunque al final te suelten que de todo se olvida en cuanto una mira a la cara a su retoño. Pero lo peor, es que estas historias, se duplican en tu segundo embarazo porque hay muchas madres coraje que quieren que quede claro que su parto fue peor que el tuyo, que sufrieron más, las cortaron más y tuvieron más puntos que Nadal en el ranking de la ATP. Yo no quiero ser madre sufridora, quiero parto de película Disney como mucho, así que por eso, dejo este mensaje a los profesionales que atenderán mi parto, para que sepan mis preferencias y pueda haber una mejor relación entre nosotros. Eso sí, no os lo tomeis a mal, sin rencores.

Ya sé que vosotros habeis atendido cientos, miles de partos tal vez, pero no sé cuantos habreis vivido cada uno de vosotros en vuestra piel y os aseguro, aunque no haya visto de frente ninguno, que no es lo mismo verlo desde la barrera que sentirlo. Yo, ignorante de mí, sólo he vivido uno, pero ese, sumado a que llevo treintaycinco años conociéndome creo que me da algo de credibilidad para reconocer las señales de mi cuerpo. Así que hacedme un poco de caso cuando llegue al hospital y os comente que creo que estoy de parto. La primera vez estuvo bien la broma de no tomarme en serio por ser primeriza, guasones, que vaya risa cuando me deciais que volviera mínimo en dos semanas y terminé pariendo ese mismo día, pero ahora que se lo que me espera, bromitas las justas por favor.

Otra cosilla que me gustaría recordaros es que el dolor existe, como Teruel, y que si alguien se queja es por algo. No soy de las que acuden a urgencias porque tengan una tarde aburrida y quieran charlar con alguien, prefiero tomarme un café con una amiga, de verdad. Así que si me encuentro ante vosotros quejándome, pidiendo drogas, será que no soporto más el dolor. No me hagáis desear la epidural como si fuera una yonki sin dinero rogando a su camello que le fíe. Si lo que tenéis hecho es una porra a ver hasta donde resisto sin volverme loca, apuntarme en cagonasinaguante y acabemos con esto cuanto antes. Además, que la excusa de que las primerizas exageran y que las segundonas ya no la necesitan no cuela. Y si es por ahorrar, que la Seguridad Social está muy mal, prometo no volver a hacer gasto de ella en los próximos 20 años por lo menos.

Parto Maitena

Entiendo también que pueda haber estudiantes aprendiendo en ese momento, pero espero que mi dilatación no se convierta en el medidor de dedos oficial, comparando si a uno le entran tres o cinco en mi pozo del amor, ni en motivo para aprender técnicas nuevas que seguramente no hagan falta. Lo mismo digo del momento del expulsivo: no teneis que usar todos los artilugios que hay en el paritorio, de verdad que no es necesario. Seguro que algunos son muy chulos y molones, yo no sé ni para qué son casi ninguno, pero si alguno quiere practicar con pinchos, tenazas, ventosas y demás aparatejos que los use en sus orificios y no entre mis piernas, así luego pueden estudiar de paso cómo intentar sentarte durante un mes seguido sin que te duela nada.

Como veis, no pido mucho, o eso me parece a mí. Un poco de paciencia y de comprensión por vuestra parte. Yo por la mía intentaré no olvidar que tal vez llevéis muchas horas de turno, que tengáis vuestros problemas personales sobre la espalda sin poder separaros de ellos, que para vosotros, todo lo que ocurra será una rutina, un parto más. Pero espero que por la vuestra, podáis tener presente que mi cuerpo va a transformarse, a sufrir, que voy a conocer y ver por primera vez a quien va a duplicar mi corazón, que mis hormonas estarán montando un aquelarre de sentimientos en mi cabeza y que seguramente, ganas de juerga y bromas, no tenga muchas.

Atentamente,

una madre novata de nuevo.

#Miércoles Mudo: Ilusión

Familia


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